“Y no tenéis la menor idea, muchachos… Con estas drogas la percepción se te altera hasta el punto de hacerte mirar el mundo con ojos totalmente diferentes. Todos nosotros tenemos gran parte de nuestra mente cerrada hacia el exterior. Estamos cerrados a nuestro propio mundo”….“Una de ellas era Aldous Huxley, que había tomado mescalina y escrito sobre la experiencia en “Las puertas de la percepción”, donde comparaba el cerebro a una “válvula reductora”. En la percepción ordinaria, los sentidos envían una abrumadora oleada de información al cerebro, que el cerebro filtra y reduce a un mero hilillo que puede controlar y manejar a fin de sobrevivir en un mundo enormemente competitivo. El hombre ha llegado a ser tan racional, tan utilitario, que el hilillo en cuestión se va haciendo más y más delgado y desvaído. Le basta con él para la mera supervivencia, pero le oculta la parte más prodigiosa de sus potenciales experiencias sin que él siquiera lo sepa. Estamos cerrados a nuestro propio mundo. El hombre primitivo experimentó un día plenamente la rica y centelleante oleada de los sentidos. Los niños la experimentan durante unos cuantos meses; hasta que el aprendizaje “normal”, el condicionamiento, cierra las puertas de ese otro mundo, generalmente para siempre”
<<< Tom Wolfe, “Ponche de ácido lisérgico”
Este pasaje explica como la percepción habitual de la realidad es un proceso de filtrado basado en limitar y focalizar la percepción. Las drogas como el LSD eliminan estos límites alterando la percepción y “expandiendo la conciencia”En los años 60 algunos arquitectos intentaron emular los efectos del LSD con otros medios.El nombre de estos dispositivos de Haus-Rucker-co refleja la intención de derribar los límites de la mente: Flyhead (1968) y Mind Expander(1967)
“…pienso en estas mujeres que tejen. El trabajo del tejer. Es muy significativo que la segunda acepción de la palabra “labor”, en el María Moliner, sea la de las labores femeninas, que para mí constituye el paradigma de la laboriosidad. Entre otras cosas por lo que tienen de vehículo alucinatorio, puesto que estas tareas repetitivas, monótonas, producen estados de alteración de la conciencia. Es un tema del que hablo con frecuencia, el del arte asociado a los estados alterados de la mente”
<<< Ángel González, “Las ideas estropean”, Babelia 05/04/08
“El arabesco con su repetición rítmica tiene una finalidad artística muy distinta a la del arte figurativo, hasta es contraria a él, ya que no quiere encadenar la mirada ni arrebatarla a un mundo imaginado, sino, por el contrario, librarla de todas las ataduras del pensamiento y de la imaginación, como lo hace la contemplación del correr de las aguas, de trigales movidos por el aire, de la caída de copos de nieve, de las llamas ascendentes del fuego. Tal contemplación no produce ninguna idea determinada, sino un estado existencial que es al mismo tiempo tranquilidad y vibración íntima. Los arabescos de la Alhambra combinan palmetas abstractas con flores estilizadas y entrelazados geométricos: lengüetas de fuego, flores de jazmín, copos de nieve, melodía infinita y matemáticas divinas o bien “embriaguez” y “sobriedad” espirituales a la vez, para emplear las expresiones de los místicos musulmanes.”
<<< Titus Burckhardt, “La civilización Hispano-Árabe”
Para el crítico Ángel González, la creatividad más primaria y más interesante es aquella que se produce de forma casi automática, sin pensar, sin ideas, no tiene duda de que el arte, en su origen, fue algo asociado a la alucinación. Es interesante aplicar esto al arte musulmán: la repetición de motivos, el sonido anestesiante y cíclico del agua, la danza-trance de los derviches, todo ello induce estados mentales alienados. Entendido de este modo es un arte anti-intelecual que no expresa ideas sino sensaciones.






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