Como comentaba en un post anterior acerca de las estancias con paredes recubiertas de espejos, existen espacios que, por distintos motivos, poseen una interioridad ambigua: por un lado son espacios limitados pero, a la vez, se perciben como espacios potencialmente infinitos, ilimitados y con vocación de ser exteriores.
Un ejemplo cercano es la instalación “The Weather Project” de Olafur Eliasson en la que se transforma la percepción de los límites de la “Tate Modern” sin efectuar la más mínima acción sobre ellos. La sala de turbinas se transforma con operaciones elementales: se oscurece la sala, se instala una superficie reflectante en el techo que lo hace desaparecer, se genera una ligera niebla mediante humidificadores y se instala un gran sol virtual que produce una intensa luz amarilla.
El resultado es una transformación radical de este espacio: se crea una ilusión de naturaleza, tiempo (atmosférico) y exterioridad que provoca que los visitantes actúen como si estuvieran a cielo abierto en un paraje natural: ocupándolo con una desenvoltura inusual en un museo y tumbándose en la sala durante horas.
Piranesi, “carceri d’invenzione”
“En los “carceri”, la crisis del orden, de la forma, del concepto clásico de “Stimmung”, asume connotaciones sociales. Aquí la destrucción del concepto mismo de espacio se mezcla con una alusión simbólica a la nueva condición creada por una sociedad que ha cambiado radicalmente. En estos grabados el espacio del edificio, la cárcel, es un espacio infinito. Lo que ha sido destruido es el centro de ese espacio, reflejando la correspondencia entre el colapso de los viejos valores, del antiguo orden, y la “totalidad” del desorden. La Razón, autora de esta destrucción-una destrucción sentida por Piranesi como fatal-se transforma en irracionalidad. Pero la prisión, precisamente por ser infinita, coincide con el espacio de la existencia humana. Esto se indica muy claramente en las escenas herméticas dibujadas por Piranesi dentro de la red de lineas de sus composiciones “imposibles”. Así pues, lo que vemos en los “carceri” es solo la nueva condición existencial de la colectividad humana, liberada y condenada al mismo tiempo por su propia razón. Y lo que Piranesi traslada en imágenes, no es una crítica reaccionaria de las promesas sociales de la ilustración, sino una lúcida profecía de lo que la sociedad, liberada de sus viejos valores y sus consecuentes limitaciones, tendrá que ser” >> Manfredo Tafuri, “Progetto e Utopía”, 1973
Archizoom, “no-stop city”, de arriba a abajo: “diagrammi residenziali”, “bosco residenziale”, “piano tipologico continuo”, “paesaggio interno” y varias vistas (1969-70)
“New Babylon no termina en ninguna parte (puesto que la tierra es redonda); no conoce fronteras (puesto que no existen economías nacionales) ni colectividades (puesto que la humanidad es fluctuante) Todos los lugares son accesibles, desde el primero hasta el último. Toda la tierra se convierte en una única vivienda para sus habitantes. La vida es un viaje infinito a través de un mundo que cambia tan rápidamente que a cada momento parece distinto” >> Constant, “New Babylon”, 1974
Esta descripción de “New Babylon” es perfectamente aplicable a otro proyecto de aquellos momentos: la “no-stop city” de Archizoom cuyo carácter infinito queda claro a partir del mismo nombre. El proyecto refleja muchas de las inquietudes de aquellos momentos de contracultura y movimiento hippie. Se imagina una nueva sociedad “roussoniana” de “buenos salvajes”, de nómadas de aspecto prehistórico, que se agrupan libremente, deambulan y acampan en un entorno de alta tecnología. Una utopía definida “vía negativa” mediante la superación de las instituciones establecidas: familia, sedentarismo, religión, estado, frontera, producción, propiedad…. Estas “instituciones de encierro” se entienden como límites que impiden la emancipación definitiva del ser humano y una vida plena entendida como “viaje infinito”. Mediante el LSD y otras sustancias psicoactivas se buscaba la “expansión de la conciencia“ la superación de sus límites, proyectos como la “no-stop city” pretendían derribar todos los demás.
La cristalización de este ideario de demolición de encierros y demarcaciones es, no podía ser de otra manera, un proyecto marcado por su carácter infinito que, como todo infinito, implica la necesaria inexistencia (en este caso ignorancia) del afuera. Si no hay afuera, este interior auto referente, es, a la vez, exterior.
Una propuesta así da lugar a un tipo de proyecto muy particular. En la documentación que existe sobre el mismo se representa de forma muy distinta y, a menudo, contradictoria: a veces es repetición isótropa de bloques idénticos, a veces magma construido que rellena zonas del paisaje o tira continua indistinguible del “monumento continuo” de Superstudio. La mejor forma de imaginar un espacio infinito es un proyecto también infinito, que no reconoce los límites habituales de la disciplina, los desborda y se ramifica en multitud de formalizaciones distintas.















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