En la era de prefab-man la inevitable tendencia económica a la globalización y a la imposición universal de modelos de vida, de pensamiento, sentimientos y acción, transmitidos reiterada y seductoramente a través de los cada vez más poderosos e influyentes medios de comunicación, así como las exigencias del sistema económico de derribar las barreras materiales, ideológicas o simbólicas que no permitan el “libre intercambio” ha dado paso a la formación de una ideología social de eclecticismo en donde de modo acrítico y amoral todo vale si sirve para conseguir el objetivo de la mejor rentabilidad. Todo se convierte en mercancía y adquiere valor de cambio. La identidad de lo “auténtico” se convierte en un obstáculo si el interlocutor-consumidor no es capaz de reconocerla y clasificarla en un subconsciente colectivo globalizado. Ahora todo es posible y tiene cabida si tiene nombre y comprador-usuario, si es capaz de generar su propio mercado y distinguirse claramente de lo ya existente. Este escenario así descrito, se convierte en un lugar de oportunidad para los nuevos valores que la sociedad demanda: lo híbrido, lo ecológico, lo urbano, lo sostenible, lo humano, lo artístico, lo programable… ya no tienen que supeditarse cronológicamente a valores que se hayan adoptado con anterioridad, o sobre los que la tradición haya arrojado un velo de autoridad.Su contenido ha de participar no sólo como materia sino como identidad en el proceso generador de la arquitectura para poder hacerse un hueco en el mercado de lo realizable.


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