
El fotógrafo Mark Robbins nos desvela a través de sus instantáneas una visión intimista y transparente de las relaciones existentes entre el individuo y los objetos que le rodean dentro su ámbito más doméstico.
Tras trabajar dentro de una marcada diversidad, Robbins descubre en sus fotografías la constante de algunos elementos -aparentemente anodinos- que se repiten dentro de cada escena, casi queriendo dar testimonio de una memoria colectiva que no difiere de la condición más particular. Esta agrupación de fotos refuerza, subraya, e incluso en algunos casos difumina estereotipos, debatiendo las costumbres y las formas de vida en toda su complejidad.
Este argumento propone una nueva visión del espacio más íntimo, en cuanto cuestiona la validez del lo doméstico como paisaje más particular, y lo expone como fragmento de un acontecimiento colectivo indiferenciado a través de la detección de agentes comunes de carácter genérico.


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