Me gustaría comparar dos versiones aparentemente similares de lo que podríamos llamar el retro-cañí hispano. Por un lado las viviendas de Manuel Ocaña en Ocaña (recién publicadas por Pepe, por cierto), y por el otro las características casas autoconstruidas canarias, con salón abajo/vivienda arriba.
Ambas son arquitecturas contemporáneas, y en ambas podemos rastrear fácilmente el reciclaje acrítico y desprejuiciado de rasgos figurativos tradicionales de manera prácticamente literal: cornisas, canecillos, cubiertas de teja, etc. Sin embargo la capacidad creativa, la posibilidad de generar algo nuevo o desconocido, que estos reciclajes han propiciado es, desde mi punto de vista, totalmente diferente.


Las viviendas de Ocaña ofrecen una mirada irónica, claramente afín a cierto posmodernismo, que se hace más evidente en el uso de cartón piedra en la parte inferior del edificio. Se puede ver, y así se explica en los textos del proyecto, como un atrevido desafío al autoasignado papel del arquitecto como salvador de la conciencia estética de la sociedad. La aportación sobre las posibilidades de la simulación hiperrealista como operación arquitectónica contemporánea, no parece ir más allá de este guiño travieso a toda la profesión.
En las casas con salón canario, que ya mencioné anteriormente en este blog, y de las que sólo publico una imagen para no repetirme, la capacidad de innovación a partir de un modelo que se simula se maximiza. En este texto de una entrada anterior, se explica:
“Las típicas casas con salón (también conocidas como salón abajo-vivienda arriba) canario son en realidad viviendas unifamiliares autoconstruidas (normalmente de pésima calidad e ilegales), y repletas de todos los tics folclóricos imaginables, aunque con una interesante peculiaridad: las plantas bajas se construyen con una altura desmesurada (entre cuatro y cinco metros de altura libre), de modo que pueden ser utilizadas para todo tipo de actividades que no están directamente relacionadas con el uso de vivienda: almacén, aparcamiento, sala de juegos, barbacoa, cuarto de aperos, alambiques, restaurante,…estas actividades ocurren a menudo de manera simultánea, por lo que el espacio del salón se convierte en un cajón de sastre programático”,
Sin apenas intención por parte de sus creadores, se genera una tipología de vivienda que trastoca los códigos aceptados de programa, o la relación entre la esfera pública y la privada. Y, lo que más me interesa, partiendo de una modificación localizada a una tipología conocido.