Turbado por lo hiperatractivo, y, desacreditada insistentemente mi autodeterminación, mi capacidad de abstracción, de decisión, y mi historia, por inconsistencias afectivas y materiales, el tema no puede sino interesarme mucho mucho. Ojo, estoy comprobando que adentrarse en donde no le llaman a uno puede ser penoso, y a mi modo de ver, preocuparse por los propios deseos es ya un descrédito; ¿cómo es que tenemos que buscarlos? Si sales a la calle sin ropa, ¿cuál es el problema? ¿haberla perdido, o no haberse percatado de la falta? En fin.
Me parece muy pertinente arrastrar hasta la luz, el contenido de los propios deseos. Ellos guardan secretos. Entre otros, aquellas cosas que mejor sabemos hacer, como se dijo en la última clase1. Pero no sólo eso. Lo dijo así Lorca hace años, “escribo para que me quieran”. Los deseos tienen una componente trascendente y conflictiva2.
Voy a empezar con una cita, que es como más fácil “(…)trata de la reflexión sobre la diferencia entre las cosas que ocurren en el espacio y aquellas otras que suceden en el tiempo”. Esto es lo que decía la contraportada de una novela. El libro resultó ser una mierda. Pero la importancia de esta frase con la que me crucé de manera fortuita, se amplifica con el tiempo. Y la prueba es el haberla traído ahora aquí.
Pues bien, no hay objeto, por extraordinario que sea, que pueda perturbarme tanto como un buen anuncio en televisión, por ejemplo. De esta afirmación, un verdadero cataclismo arquitectónico, cuelgan otras pelín más abstractas pero también relativas a la revelación que encontré en aquella novela chunga. No es tan importante qué veo, sino cómo lo veo; cuáles son los hechos que rodean la percepción, pues es su conjunto lo que puede conmoverme. Esta inclinación, en realidad muy básica, guía muchas de mis preferencias en un esquema arborescente.
Si la arquitectura se percibe de manera distraída, ¿cuál es su cuota de atención en un entorno de creciente acción e interacción?
Arquitectura interactiva. Casa en Cádiz (foto de Jesús Encina).
Arquitectura interactiva. Imagen de la campaña publicitaria de la consola Wii de Nintendo.
Saludos.
1. Esto último ha merecido una investigación sociológica dirigida por Richard Sennett, y expuesta en ‘La cultura del nuevo capitalismo’. Explica el concepto de “craftmanship”, o el deseo de hacer las cosas bien, por el puro hecho de hacerlas bien. Se puede escuchar en la web del Círculo de Bellas Artes, donde este concepto está sintéticamente explicado por él mismo en una conferencia en inglés… http://www.circulobellasartes.com/ag_humanidades_contenidos.php?ele=186&_pagi_pg=2
2. No puedo dejar de citar el último libro de J.A. Marina, ‘Las arquitecturas del deseo’.